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Maestro de oración

mpj

 

El Carmelo, nacido en Palestina, la tierra de José, encontró en la vida del esposo de María desde sus inicios una sintonía espiritual con su carisma vivido en obsequio de Jesucristo y bajo la protección de María, madre y hermana. Ya en la segunda mitad del siglo XV aparece su fiesta a nivel de Orden y, lo que es más importante, los carmelitas fueron los primeros que compusieron en la Iglesia latina un oficio dedicado a San José. En ese oficio se exaltaba su grandeza, porque hace las veces de Padre de Jesús, el Hijo de Dios; porque vive en virginidad su misión de testigo y protector de la virginidad de María y cuida a su hijo, concebido por obra del Espíritu Santo.     

También posiblemente los carmelitas vieron reflejada en San José su espiritualidad que se vive en la sencillez de la vida diaria, a la escucha de la Palabra de Dios meditada día y noche desde una oración contemplativa y silenciosa que descubre la presencia del Señor en todas las circunstancias y en todos los acontecimientos. José vive abierto al Misterio de Dios que se va manifestando en la vida de María, en la de Jesús y en la suya propia. Santa Teresa entró en el monasterio de la Encarnación de Ávila donde existía una profunda devoción a San José. Alimentada por ella, Teresa fue transformándola en una experiencia vital que la acompañó a lo largo de su existencia. Desde una actitud de fe en la ayuda que le presta el Santo y que supera sus expectativas pasa a una confianza en su intercesión y a propagar su devoción. Aconsejaba acudir a él y celebraba su fiesta con toda solemnidad incluso cuando estaba enferma en el monasterio (Vida 6,7).

La devoción a S. José ha marcado la espiritualidad del Carmelo Teresiano al grado de ser una de sus características. Esto se debe, sin duda, a la herencia espiritual de S. Teresa la refundadora del Carmelo. La devoción teresiana a san José no se concentra sólo en expresiones externas fruto de la convicción de contar con él como intercesor y protector. También y sobre todo la Santa lo considera como modelo de vida, especialmente como modelo y maestro de oración. La razón de ello es muy sencilla: para Teresa la oración es un diálogo de intimidad con Cristo presente en el centro del alma. Y es precisamente por eso que contempla a san José como aquel que vivió en una continua y profunda intimidad con Jesús, cuidó de él y le sirvió. De este modo toda su vida se convirtió en oración contemplativa y amorosa. Teresa encontró en san José a un modelo y un guía en los caminos del trato de amistad con Dios y aconsejó acudir a él para progresar en la oración: “en especial personas de oración le habían de ser aficionadas…Quien no hallare maestro que le enseñe la oración, tome a este glorioso santo por maestro y no errará en el camino” (Vida 6,8). Toda la vida de san José fue oración junto a Jesús y María y por lo mismo puede guiar en esos caminos de la escucha de Dios para servir a los hermanos.

En la tradición del Carmelo teresiano las generaciones han ido transmitiendo la devoción de la Santa de Ávila a san José. Si el influjo de sus experiencias y de sus escritos ha marcado la historia josefina de la Iglesia universal, de manera especial selló la vida de sus hijos e hijas tanto a nivel de expresiones religiosas externas y propagación de su devoción como, sobre todo, a nivel de experiencia espiritual.

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