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Maestro de la vida Espiritual

        Junto con SantIpadrea Teresa, san Juan de la Cruz, es nuestro modelo y maestro de vida espiritual. Especialmente nos testimonia y enseña la importancia de la fe, la esperanza y el amor en el camino hacia la unión con Dios. Ellas son el eje de la comunicación de Dios con la persona humana y de la respuesta de ésta a Dios. La fe, unida a la caridad y a la esperanza, es el camino para la auténtica contemplación cristiana. Para san Juan de la Cruz la oración es un ejercicio de estas tres actitudes cristianas. La fe, no es otra cosa que una apertura confiada a Dios y a sus caminos incomprensibles pero llenos de misericordia y fidelidad. En el desarrollo de la fe hay que pasar por las noches oscuras de purificación y de prueba. Dios calla y se oculta a veces porque en Cristo nos ha hablado y se ha manifestado con suficiente claridad. Incluso en la experiencia de su ausencia puede comunicarse a nosotros y de hecho lo hace. La esperanza, para el santo, nos lleva al desapego de todo lo que no es Dios y nos trae la paz. Nos da la certeza de que caminamos hacia la plenitud de vida. Dios es igualmente Padre amoroso en las horas del gozo como en los momentos de dolor. Al hablar del amor, san Juan de la Cruz subraya que mientras más crece el amor a Dios más crece el amor al prójimo. “Donde no hay amor, pon amor y sacarás amor”. Nos enseña que el mirar de Dios es amar y nos impulsa a cumplir la voluntad de Dios y a identificarnos con ella. Se le ha llamado el Doctor del amor divino. También el santo nos invita a centrarnos en Cristo, en quien el Padre nos ha revelado todo y a no buscarlo sin la cruz. Al final de nuestra vida, nos inculca san Juan de la Cruz, seremos juzgados en el amor.

 

 

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