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Modelo de los Jóvenes

Itereshina

Todas las pequeñeces de la vida del mundo han desaparecido. Ahora sólo veo lo grande, lo eterno, lo infinito. Allá todo era para mi alma desasosiego, turbación, vacío; aquí todo es paz, tranquilidad, satisfacción completa con mi Dios. Cuán bien experimento que El es el único Bien que nos puede satisfacer, el único ideal que nos puede enamorar enteramente. Lo encuentro todo en El. Me gozo hasta lo íntimo de verlo tan hermoso, de sentirme siempre unida a El, ya que Dios es inmenso y está en todas partes. Nadie puede separarme. Su esencia divina es mi vida. Dios en cada momento me sostiene, me alimenta.

Todo cuanto veo me habla de su poderío infinito y de su amor. Uniéndome a su Ser Divino me santifico, me perfecciono, me divinizo. Por fin, te diré que es inmutable, que no cambia y que su amor para mí es infinito... amor eterno, incomprensible, que lo hizo humanarse, que lo hizo convertirse en pan por estarse junto a mí, por sufrir y consolarme. Si tú te das a la oración, conseguirás que Dios se te manifieste y te enamore de El. En la oración nuestra alma lo busca, y si es con ansias de conocerlo y de amarlo, Jesús levanta un tanto el velo que lo encubre y muestra su divina Faz radiante de hermosura y suavidad. Otras veces abre la herida de su Corazón, y nos señala los tesoros de sus infinitas bondades y de su amor. Y otras veces deja oír su dulce voz que deja al alma deshecha en amor y arrepentimiento.

Tu corazón desea amar y con locura. ¿No crees tú que un hombre es demasiado pequeño y miserable para ser digno de un tal amor, ya que cuanto más amamos, necesitamos y ansiamos más el sacrificio, y sacrificarse por demostrar a un hombre, a una criatura, nuestro amor, es perder el mérito, la nobleza del sacrificio?

Amemos al Amor eterno, al Amor infinito, inmutable. Amemos locamente a Dios, ya que El en su eternidad nos amó. Sin necesidad de nosotros, nos creó. Toda la obra de su poder fue dirigida para el hombre. Todo lo puso a disposición de nosotros. Continuamente nos sostiene y alimenta. Y para no separarse de nosotros en la eternidad, nos dio su Unigénito Hijo. Dios se hizo criatura. Padeció y murió por nosotros. Dios se hizo alimento de sus criaturas. ¿Has profundizado alguna vez esta locura infinita de amor? Créeme, que siento mi alma deshecha de gratitud y amor. Mi vida la paso contemplando esa Bondad incomprensible, y me duele el alma al ver que el Amor no es conocido. Me abismo en su grandeza, en su sabiduría. Pero cuando pienso en su Bondad, mi corazón no puede decir nada. Lo adoro...

 Santa Teresa de los Andes

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