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LA TENUE BRISA DE LA PALABRA

 

XXXIII Domingo del tiempo ordinario

 

Al revés te lo digo para que me entiendas

         Jesús anunciaba la llegada del Reino de Dios, y lo hacía contando parábolas que contenían temas sacados de la vida cotidiana y común, para que dieran pistas nuevas a quien le escuchara con atención. El objeto de sus parábolas era siempre el de mostrar la identidad del Reino y de la promesa de salvación que este lleva consigo. Pero hay una parábola de Jesús que no comienza con la fórmula habitual que decía: “El Reino de Dios se parece a…” Se trata de la parábola de los “talentos”. En ella Jesús cuenta la historia de un señor intransigente y despótico que explotaba a sus “empleados”, haciendo que estos le produjeran el mayor rédito a “sus bienes”. Es la historia de este hombre cruel y de aquel “empleado” que recibió un “talento”, el cual lo guardó muy temeroso de perderlo, porque sabía que su señor “segaba donde no sembraba y recogía donde no esparcía”. Y el miedo le perdió a este pobre siervo “negligente y holgazán”, como así lo insultó su señor, al no encontrar rédito alguno al “talento” que le había sido entregado. Lo cierto es que esta extraña parábola de Jesús manifiesta el revés de la trama, todo lo opuesto a la identidad del Reino que él pregonaba. Y nos hace ver que este mundo nuestro se rige solo de criterios despóticos que no buscan más que una plusvalía que dé cada vez más poder a los que ya lo ostentan. Este mundo nuestro no ofrece esperanza ninguna para los pobres. La parábola de Jesús quiere ser entonces un revulsivo para nuestra conciencia ante la necedad de creer que la salvación está en poseer la cuota de poder mayor posible. La parábola de Jesús nos habla entonces de “la abismática maldad del mal”. La fe, no el temor, es la vía regía de la salvación según el evangelio de Jesús.

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 Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
- «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo:
"Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco."
Su señor le dijo:
"Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo:
"Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos."
Su señor le dijo:
"Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo:
"Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo."
El señor le respondió:
"Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes. »

 

 

 

 

 

 

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