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LA TENUE BRISA DE LA PALABRA

 

 

XXV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

El Reino de la Bondad

 

            Jesús describía y desvelaba el misterio de la identidad del Reino de Dios contando parábolas. Nosotros tenemos la mala costumbre de leerlas y entenderlas solo en clave moralista, como si la presencia aquí y ahora del Reino de Dios dependiera solo de lo que nosotros hacemos o dejamos de hacer. Hay una parábola, la del dueño de una viña, en la que Jesús describía el error de interpretar la conjunción de la justicia y el dinero como única solución para una existencia verdadera; es el error de identificar la bondad con la moral. Lo cierto es que Jesús hablaba en clave escatológica, es decir, nos enseñaba que el secreto de la vida está en el don de si que Dios hace, para todos sin distinción alguna, en virtud de su beneplácito lleno de bondad. Jesús describía el Reino de Dios como lo opuesto a lo que ocurre hoy en este mundo, en el que no hay trabajo para todos y, en consecuencia, tampoco el salario que todos precisan. El trabajo dignifica al hombre porque supone la cooperación con Dios que él ha previsto y espera de nosotros. Y el salario, según Jesús, tiene un significado social, es el mismo para todos. El Reino de Dios, que es una realidad escatológica, no moral, se pone en marcha aquí y ahora. Y por tanto, para que esto sea así, nadie puede quedarse al margen, sin trabajo ni salario. La justicia de Dios se activa por su bondad. Pero a menudo se nos hace evidente que tal bondad molesta y es despreciada sin ningún sentido. Ya el salmista lo advertía: “Que se acaban los buenos”, “No hay ninguno que obre bien, ni uno solo”. Y Jesús nos dejó dicho que “solo Dios es bueno”. Todo esto se nos hace evidente cuando escuchamos la advertencia que el dueño de la viña le hizo a uno: “¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Vivimos tiempos ásperos y difíciles en los que recurrentemente nos encontramos con la evidencia de la seducción del hombre por el mal-obrar, la malevolencia y la maldad, es decir, nos enfrentamos al enigma del mal deseado, querido y producido por los seres humanos. Jesús anunciaba la llegada del Reino de la Bondad. Lo que sí depende de nosotros es que acojamos rendidamente esta bondad que a todos alcanza y la proyectemos humildemente en torno nuestro. Que así sea.

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