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Comunidades Fraternas y orantes al Servicio del Reino

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Santa Teresa ha destacado la fraternidad como rasgo caracterizador de nuestro carisma carmelitano contemplativo. Ha puesto la oración como constructora de la comunidad y la comunidad como escuela de oración. Quería que sus comunidades vivieran en relación con Dios y entre sí. La conexión íntima entre oración-contemplación y fraternidad al servicio de la iglesia misionera, la captó lúcidamente Teresa desde el momento en que llegó a sus oídos la división protestante, como en el enfrentamiento entre “letrados” y “espirituales”. En el interior de la Iglesia. De este signo de los tiempos arranca su propuesta de diálogo de éstos para que los primeros vitalicen su teología y los segundos teologicen su espiritualidad.

Teresa quiere que sus comunidades manifiesten la comunidad trinitaria donde las tres personas divinas se conocen, se aman y unas con otras se deleitan. Para que esto sea posible hay que “contentarse sólo de contentar a Dios y no hacer caso de contento propio” y formamos como un ”pequeño colegio de Cristo” como los apóstoles alrededor de Cristo. Santa Teresa marca con fuerza la dimensión teologal de la fraternidad. Somos comunidad de Dios porque “él nos escogió”, “el nos ha trajo” aquí”, “nos juntó aquí”, “él anda entre nosotras” nos ha dado unos a otros como parientes. Somos comunidades con dimensión apostólica para servir a la Iglesia. Ella quiere que seamos comunidades con un fuerte humanismo: “todas han de ser iguales”; que el número restringido para fomentar las relaciones y el “estilo” de familia: “mientras más santas, más conversables con sus hermanas”; fuertes en la virtud y no “en el rigor”; alegres: “amiga soy de que se alegren”.

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