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El trabajo en nuestra vida contemplativa

laborEl trabajo es parte integrante de la vida humana y el medio eficaz de perfección personal. Como carmelitas fieles a lo que la Regla propone, tratamos de vivir en constante equilibrio entre la oración y el trabajo. Por él, nos colocamos al servicio del Hijo del carpintero, nos solidarizamos con la condición común de hombres y mujeres, con la obligación de proveer el propio sustento, a ejemplo de San Pablo, que trabajando con sus propias manos se convirtió en nuestro modelo. El trabajo mira los bienes temporales y eternos, procurando solamente lo necesario para la vida personal y comunitaria, exigencia de pobreza evangélica. Cada una procura desempeñar su trabajo con empeño y diligencia con los medios para perfeccionar los propios dones, siendo ésta una forma poderosa en la lucha contra el mal y la ociosidad.

El trabajo está vinculado con la pobreza. Eso guió a Santa Teresa a fundar sus comunidades. Ella vuelve sobre el tema con relativa frecuencia en sus cartas y en los escritos que regulan más directamente la vida ordinaria de las carmelitas. Y alarga el círculo destinatario de sus consejos a los descalzos. Justamente, refiriéndose a éstos, dice que es“importantísimo para los descalzos”, “que se ponga mucho (=que se insista) en el trabajo de manos y alude a lo que está en la regla y constituciones. En ellas remite a san Pablo para evitar “pedir” y“ayudarse con la labor de sus manos”; que “cada una procure trabajar para que coman las demás. Téngase en cuenta con lo que manda la regla: que quien quisiere comer, que ha de trabajar; y con lo que decía san Pablo”. Hasta aconseja “contar lo que han ganado de sus manos..., para animarlas a agradecer a las que hicieren mucho”.

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