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La oración contemplativa

 

 oracion

 

Carmelo es sinónimo de oración, contemplación y unión con Dios. El primer modelo de oración es el propio Cristo, que después del trabajo apostólico se retiraba al monte para rezar solo. Para nosotras, las carmelitas, la oración como subraya la Regla, es una actitud dinámica en el sentido de dar todo el tiempo a Dios, dejándose prender por Él y gozando de su presencia. En el compromiso de vivir en obsequio de Jesucristo, encontramos una forma propia de expresar en la Iglesia nuestra presencia orante y el ideal contemplativo con que nació y en el cual vive el Carmelo.

A semejanza de Elías, tratamos de consumir nuestra vida en la presencia de Dios. Guiadas por el ejemplo y la doctrina de Santa Teresa, vivimos la oración como trato de amistad con Dios que sabemos nos ama. Además, ella nos enseñó a dar una dimensión apostólica a la oración. Para Santa Teresa la autenticidad de nuestra oración se manifiesta en el amor al prójimo; es fuente de compromiso y de servicio. La práctica asidua de la oración nos lleva a tener una mirada contemplativa de la realidad: a descubrir en todo a Dios, a contemplar a Cristo en todas las personas, a buscar su voluntad en los acontecimientos y a valorar debidamente las realidades de este mundo en sí mismas y en relación a lo definitivo. San Juan de la Cruz nos enseña que la oración es un ejercicio de fe, de esperanza y de amor y que cuanto más crece el amor a Dios, más crece el amor al prójimo. Modelo de nuestra oración es María orante que vive disponible para los caminos de Dios en su vida y se preocupa de las necesidades de las personas.

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