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Monasterio de la Paz

 

 

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Corre el año 1599. Vísperas de San Pedro y San Pablo, ya comienza a arreciar el calor en la llanura manchega. Ocho monjas de las descalzas, de las que fundó la Madre Teresa de Jesús, llegan a la villa de Daimiel. Vienen a fundar otro palomarcito, uno más de los que están esparcidos por toda España al estilo de la Madre fundadora “todas ocupadas en oración…”. Las hermanas proceden de los Conventos de San José de Valencia (Inés de San Agustín, María de la Visitación, Isabel de la Visitación e Isabel de la Concepción), de Villanueva de la Jara (Elvira de San Ángelo), de Cuerva (Francisca de San José) y de Malagòn (Teresa de Jesús y Catalina de San Elías).

El fundador, el hidalgo D. Gonzalo de Oviedo y Vasallàn, guarda mayor de la Dehesa y montes de Zacatena, ha procurado que se hiciese este Monasterio “para el servicio de Dios nuestro Señor y de la gloriosa y siempre Virgen Santa María” , y les ha prometido casa, celdas, huerta y hacienda. El general de la Orden, Elías de S. Martin, ya había aceptado la fundación el 7 de Enero de 1599.

Pero al llegar las hermanas a la villa se encuentran que el fundador ha fallecido y la herencia del hidalgo está muy enrevesada. Las monjas ocupan unas casas que habilitan para convento como lo solía hacer Teresa de Jesús. El 22 de Julio se expuso el Santísimo Sacramento, queda hecha la fundación de la villa de Daimiel de Carmelitas Descalzas bajo la advocación del glorioso San José, en pobreza y sin recursos.

En 1583 los padres Carmelitas habían fundado ya en Daimiel en la ermita de la Virgen de la Paz, las monjas nos sentimos arropadas por nuestros hermanos que en 1615 nos cedieron su convento para ocupar ellos otro mayor a las afueras de la villa. Las hermanas nos convertimos en “las monjas de la Paz” y el monasterio fundado bajo la advocación de San José le cedió el nombre a la Señora: “la Virgen de la Paz”.

Más de cuatro siglos de presencia orante y silenciosa en este lugar, en esta Iglesia, tantas hermanas ocupadas en oración…, viviendo los cambios de la historia y siempre en la presencia de nuestro Dios. Recordamos de forma especial a “los hermanos de Jesús” con los que hemos compartido parte de nuestra historia. El paso del tiempo, el paso de la historia y también el paso de las guerras habían hecho de nuestro monasterio un lugar inhabitable. En 1981 construimos un nuevo monasterio en las afueras de Daimiel, en un lugar más solitario que nos evoca aquel primer lugar en el Monte Carmelo. Aquí actualmente vivimos y oramos “todas ocupadas en oración por la Iglesia y el mundo entero”.

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